Estás en tu oficina. Revisas los números. No cierran. Te sientes agotado. Pero no puedes parar. Hay decisiones por tomar, gente que depende de ti. Tu mente corre más rápido que tu capacidad de decidir. Tu cuerpo también. El corazón late fuerte. Tienes un nudo en el estómago. Piensas: ¿por qué estoy reaccionando así si todavía no ha pasado nada?
La respuesta es más antigua de lo que imaginas.
Porque antes de ser emprendedor, líder, estratega… eres un organismo diseñado para sobrevivir.
Y ese organismo (tú) tiene un sistema nervioso que no distingue si el peligro es un león o un mensaje de reclamo de un cliente en las redes sociales o un cambio en la legislación que te afecta. Lo que percibe es amenaza. Y frente a la amenaza, activa un sistema ancestral: el sistema simpático.
Somos biología antes que lógica.
El sistema simpático forma parte del sistema nervioso autónomo. Es el que prepara tu cuerpo para huir, pelear o congelarse. Libera adrenalina, acelera el corazón, dilata las pupilas, tensa los músculos. Todo lo necesario para que puedas sobrevivir.
¿El problema?
Que este sistema no piensa. No analiza. Solo responde.
Y responde igual si el peligro es físico o emocional. Si es externo o interno. Si es real o simbólico.
Un pensamiento catastrófico, una conversación incómoda, una pérdida de control en tu empresa… todos esos eventos pueden activar tu cuerpo como si estuvieras en una selva.
Literalmente.
El precio de no mirar hacia adentro
Cuando no tomamos conciencia de esto, empezamos a operar desde la reactividad:
– Tomamos decisiones apurados, sin pensar.
– Reaccionamos con dureza a nuestro equipo.
– Perdemos claridad y sobre exigimos resultados.
Y muchas veces ni siquiera lo notamos. Porque en esta cultura (y en especial en el ecosistema emprendedor venezolano) el mandato es claro: No te detengas. No te quiebres. No sientas. Avanza.
Pero hay algo que no nos dijeron:
Lo que no sentimos, lo actuamos.
Lo que no nombramos, lo repetimos.
Y lo que no procesamos, se instala en el cuerpo… o en la empresa.
Liderar también es regular
Afortunadamente, no todo en ti es automático.
El ser humano ha desarrollado una estructura fascinante: el córtex prefrontal.
Es la zona que te permite pensar a futuro, anticipar consecuencias, interpretar emociones, elegir cómo responder. Es el director de orquesta.
Pero cuando el sistema simpático toma el control, esa orquesta se calla. El pensamiento se nubla. La conciencia cede el paso al impulso.
Por eso, liderar bien no es solo tener estrategias. Es saber desde dónde estás reaccionando. Y poder pausar. Nombrar. Sentir. Pensar.
¿Qué dice la psicología dinámica?
Desde una mirada psicodinámica, estas reacciones no son solo biológicas. Son también expresiones de conflictos emocionales no elaborados, mecanismos de defensa y patrones inconscientes.
Por ejemplo:
- La hiperactividad constante puede ser una forma de no contactar con la angustia.
- La necesidad de control, una defensa frente al miedo a perderlo todo.
- El “todo está bien” puede ser una negación aprendida, no una señal de fortaleza.
Y si no somos conscientes de eso, es el pasado (y no el presente) quien lidera nuestras decisiones.
Emprender desde la conciencia, no desde el impulso
Muchos líderes piensan que reconocer sus emociones los vuelve vulnerables.
La verdad es lo contrario: reconocer lo que te pasa te devuelve el control.
No puedes liderar bien si tu cuerpo está en modo supervivencia.
No puedes planificar con claridad si tu sistema nervioso cree que estás en peligro.
No puedes sostener un equipo si estás emocionalmente desbordado y no lo sabes.
Por eso, integrar lo biológico con lo psicológico no es un lujo: es una herramienta estratégica. Una forma de dejar de improvisar desde el miedo y empezar a construir desde la conciencia.
¿Y ahora qué?
Tal vez no puedes controlar el país.
Tal vez no puedes cambiar el entorno.
Pero sí puedes aprender a leer tus señales internas. A calmar tu sistema nervioso. A identificar cuándo estás actuando desde el impulso… y cuándo desde la elección.
No es fácil. No es inmediato.
Pero es posible. Y profundamente necesario.
Porque no basta con sostener un negocio.
También hay que sostenerse a uno mismo en el intento.

Daniela Alcántara
Psicóloga clínica egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, con más 15 años de experiencia acompañando a personas, equipos y comunidades en el desarrollo de herramientas que promuevan un desempeño integral y sostenible.
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